“Se nota a kilómetros quien te quiere a centímetros”

Cuando pase esta crisis mundial quédate con quién te llamó, escribió o se ocupó de saber si necesitabas algo.

Si a partir de mañana decides emprender el camino en compañía, ellos serían una buena elección.

Y, a cambio, elimina, tacha, borra u olvida, de tu “lista de invitados” a quienes no se han interesado de tu estado; a quienes en todo este tiempo no te escribieron y, tampoco, llamaron.

Tiempos de aprendizaje, observación y reflexión. La crisis también vino a enseñarnos quién merecerá nuestra compañía, cuando se salga de ésta. De toda crisis se aprende.
Estuviéramos confinados solos o muy ocupados en nuestros puestos esenciales de trabajo, todos hemos tenido suficiente tiempo para la reflexión.

Fue un valioso tiempo para recordarnos que en salud o pasada la enfermedad,  en apuros varios o en uno solo… nuestra vida es sólo un fugaz instante. Por lo tanto, demasiado valiosa es nuestra energía vital para desperdiciarla con quién no te buscó, en tiempos de necesidad o sufrimiento.
Ni siquiera pienses en ellos en una época ya pasada. Antes les fue fácil, buscarte en tiempos de luz (fiesta y diversión). Piensa en tí, ves a tu interior y siente que no estás sola; una luz interna tienes como guía. Si la sostienes será tu mejor compañía.

En época de solidaridad quédate con quién demostró actuar en resonancia con tal hermosa e implicada palabra.
Acepta a quienes alumbraron desde la distancia enviándote, desde sus corazones, bendiciones y buenas palabras.

Tu tiempo es precioso, antes, Ahora y, también, lo será mañana.
Confía primero en tí, en tu Ser interior y, luego, en la buena gente, en esa misma que te llamó, escribió o se interesó por saber si, de algo, tú necesitabas.

              -Esther Vernet-

Reflexiones después de haber hablado con una excompañera al teléfono. Ella vive sola, no ha estado muy bien de salud y le voy llamando por si necesita algo. Al teléfono habla y habla, yo la dejo hablar, la escucho y ella se desahoga.
Me contaba que todos esos amigos con quienes ella solía siempre salir, reuniéndose en fiestas en una determinada localidad costera, en este tiempo de confinamiento ninguno de ellos ha llamado o enviado un watsapp para preguntar por su estado (o necesidades). “Todos saben que me han operado varias veces, y que por mi patología soy una persona altamente a riesgo de contagiarme. Solo yo llamo, cada uno va a lo suyo…¡qué pena!” – me decía apenada.

Antes de Navidades yo le habia dicho de quedarse con un gatito. La gata de su casero había parido y el señor iba preguntando si alguno de sus inquilinos quería quedarse con alguna criaturita gatuna. Le convencí para quedarse con una.

Tampoco quería más plantas, por haberse olvidado de regar un geranio de hoja roja, color vivo muy vistoso que a ella le gusta (se lo regalé el año pasado). Creyó que la planta se le había secado y, así, muerto. Se sentía en culpa. Y esta primavera el geranio de nuevo ha florecido.

“Con esta crisis me he dado cuenta de muchas cosas…yo no quería un gato, no quería plantas porque decía no tener tiempo para ocuparme de ello, y en este período, he agradecido de haberte hecho caso. He apreciado más todo lo que tengo en casa” finalizaba diciéndome.

Aunque no veas a la persona con quien estés hablando, al otro lado del teléfono, intenta hacerle sonreír. Igualmente la sentirás. Y, aunque sea por unos pocos segundos, habrá valido la pena. Sé que le he podido sacar una sonrisa hoy también, por lo menos eso es lo que intento cuando le siento triste.  En estos meses de confinamiento, cada vez que de ella me despedía, antes de finalizar la llamada telefónica, a la hora de saludarnos yo le solía decir estas palabras:

“Cuídate mucho preciosa. Ahora te abrazo desde la distancia, ¡y menos mal! porque, aun lejos, sigues deslumbrándome, con esa lucecita tan bonita que siempre me emanas.

En este período que solo hemos oído hablar de virus (al paso que vamos, continuaremos oyendo y viviendo con el mismo tema), como a cualquier persona me han surgido pensamientos. En estos últimos, me surgía una reflexión repetitiva cada vez que se hablaba de cómo hacer a que no se propague este coronavirus. Y, con la impotencia ante escenas de nula responsabilidad y compromiso con los demás, por parte de algunas personas, mi respuesta siempre acababa siendo la misma:

“Si se propagara más Amor entre los seres humanos,  habría menos propagación de virus…”

💕💞🌈🙏

#quédateconquiéntellamóescribióoseocupódesabersinecesitabasalgo

A tí, y a todos ellos,…#tedoyunabrazo

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¿Alientas con la esperanza o con el miedo?

“Mientras la población general sea pasiva, apática y desviada hacia el consumismo o el odio de los vulnerables, los poderosos podrán hacer lo que quieran”

– Noam Chomsky – (*)

Atención con lo que transmitimos, sobretodo a las personas mayores, los ancianos son más vulnerables y, entre ellos, hay mucho miedo.

Con la pandemia, el estado de alarma y todo lo que conlleva la situación actual es normal la preocupación. Pensamientos que te transportan al temor, sobretodo pensando en qué les podría suceder, a tus seres queridos y a aquellos más vulnerables (más débiles por su estado físico o por su avanzada edad) es fácil que nos lleguen.

Pasar de un pensamiento negativo a otro es lo más fácil para una mente racional influenciable, e ir encadenándolos, también. Aún así, una vez observados, tenemos que sacar la fuerza suficiente para cortar esa cadena de pensamientos negativos porque al final solo traerán otros más destructivos. Pensar día tras día, de esta manera, a la larga perjudica a a nuestra salud.

Veo por sus gestos y oigo a las personas, sobretodo a los ancianos, muy asustadas:

¿Oíste ayer lo que dijeron los vecinos? ¿Has oído lo que han dicho hoy en ese canal..? ¿Has oído lo que contaba ayer fulanito? ¿Te has enterado de lo que le han dicho hoy a menganito en el pueblo? etc. etc.
Y lo más triste, acabar escuchándoles decir:
“Esto no hay ya quien lo pare, yo ya no albergo ninguna esperanza” o “toda una larga vida para acabar oyendo solo cosas tristes”, o “Esto es un desatre, todos peleándose y acusándose, en vez de apoyarse y colaborar todos unidos. Ya no sé a quién hacer caso”, “…para acabar así,…quisiera dormirme y ya no despertar”.

A nivel de lingüística, a nivel cognitivo, te has preguntado ¿cómo actuamos? ¿Te escuchas cómo hablas? ¿Te has parado para darte cuenta cómo piensas y cómo puede influir esa energía hacia los demás?
Y, tú ¿cómo alientas a tus mayores? ¿con el miedo o con la esperanza?

Un día entró al comedor mi hijo y escuchó a su abuela decir:

“Uiii dios mío qué barbaridad, ¡dónde vamos a parar, si esto sigue así, al final no sé qué pasará! una cosa así no se había visto en la vida…”

Se había dado cuenta que los abuelos estaban mirando la televisión y sus rostros eran de preocupación. Les apagó el televisor, les dijo que no la mirarán más.

“dicen las mismas cosas que ya habéis oído al mediodía, ahora basta de televisión ¡no veis que no os sienta bien! Y como falta casi una hora para cenar, si queréis podemos jugar a cartas. Como dice mamá esto os gustará más”.

(Suelo hacerles jugar a un juego de cartas que les gusta mucho. Les recuerda cuando jugaban en el pueblo de mi madre con sus hermanas o sus amigos de toda una vida, casi todos ya fallecidos). Y de esta manera hago que mi padre desde su sillón deje el telecomando 😉 (mi padre tiene la manía de ir girando todos los canales, parece “adicto” a aquellos más “melodramáticos, exagerados y superficiales”, motivo por el cual mi madre “le riñe”: “siempre mirando esas “chafarderías” ¡ver estos programas no te hacen ningún bien! si acaso “¡te atonta!” – acaba diciéndole ella).

Con esa actitud hacia sus abuelos, y ante tanta excesiva información, la mayoría de veces mal interpretada (como cuando la abuela habla por teléfono y escucha lo que le cuentan amigas de otras regiones), mi hijo ha continuado “protegiéndoles”, un modo también de cuidar a nuestros mayores.
Para mí, esto representa alientar con la esperanza a las personas más vulnerables. Es un acto de amor.

Si está en tus manos y tienes la ocasión de hablar con tus mayores (para nosotros es más fácil porque vivimos todos juntos) háblales con cariño, y no dejes que les aliente el miedo más del que ya tienen. Por ejemplo, si les ves continuamente delante de noticias pesimistas, ante un televisor, apagarla porque estarían ante un acto de pre-ocupación, y no de prevención. A cambio, hacer algo productivo juntos, como jugar a cartas u otro juego de mesa, algo de poder hacer en familia.

No debemos confundir prevención con miedo. El miedo nada tiene que ver con ser prudente y responsable.
Sé prudente, sé responsable, pero que el miedo no te domine ni duerma. Porque si el miedo paraliza ¿cómo vas a poder ayudar a quienes de verdad lo necesitan? y ¿cómo te vas a ayudar a tí mismo, a progresar y mejorar en tu propio camino? Transmite energía positiva, alienta con esperanza al más débil, ayúdales a comprender lo importante que es para nuestra salud alejarnos de las fuentes que alimentan pesimismo.

Las noticias, personas, personajes, en redes sociales, el “famoso que todo lo sabe en esos canales de tele basura”, etc. se convierten en “píldoras somníferas” y ya no eres dueño de tu mente. El miedo se apodera de tu mente, de tu cuerpo y del control de tu vida.
Desconectate, “desenchúfate” del continuo bla-bla-bla, de noticias no fidedignas que te provocan dudas, confusión y temor. No compartas y gires lo que no está verificado (la mayoría de veces lo que más circula son fake news o noticias mal interpretadas).

A cambio ¡Vive! Vive el día con alegría. Cada día cuenta, cada instante. Cada respiro y aliento de tu jornada conviértelo en productivo, para tu bien y el de los demás. Suma y no restes. Tú eres una pieza clave en este “puzzle colectivo”.

Cuando nos dejamos fluir con nuestra verdadera esencia Sentimos con (y desde) el corazón, y no se nos nubla la mente. Entonces, el ego y el miedo quedan aparte; si crees Ser fuerte, lo serás y el miedo desaparecerá; si, al contrario, te dejas seducir por todo cuánto negativo oyes, el miedo te debilitará y continuará controlándote.

Cada uno de nosotros llega con una misión. Ahora, no es necesario preguntarnos cuál es, no hay más misión que ser uno mismo. Si aún no lo sabes, lo descubrirás por tí mismo. Solo fluyendo con lo que Eres, sin temores ajenos que te quieran imponer, es el modo para sentirte conectado. Conecta con todo lo que hay a tu alrededor sin el miedo a atraer perturbaciones tóxicas. Somos antenas, atraemos según en qué onda de sintonía estemos.

Hay más buena gente de la que pensamos. Y también sabemos que hay otra gente, “adictos”, en poner la atención en lo que (o quién) atemoriza para causar desorden y caos.

Cuando llegamos a este mundo nadie nos dijo que en la vida no pasaríamos dificultades y experiencias dolorosas. Forma parte de nuestra evolución. Lo importante es elegir qué vía tomar, y siempre encontrarás más de una opción. Conozco (y la he conocido en varias dificultades de mi vida) la vía llamada “esperanza” para empezar de nuevo. Y porque antes conoci la vía llamada “miedo” la que me “paralizó” quise salir de ella. Por tener ganas de seguir hacia delante, por los que estaban conmigo, me amaban y ayudaban, por ellos y, sobretodo, por mí, la vencí. De vez en cuando pica a mi puerta pero no la escucho, solo la observo y, tal como llega, la dejo marcharse. Seguramente, volverá, la vida no se detiene por mí ni por nadie. Lo importante no rendirse. Mientras albergues esperanza y creas en tí hay que luchar por ser lo mejor que podamos… porque ¿queremos vivir o seguir “durmiendo”? A nosotros está.

Dalai Lama decía:

“No importa qué tipo de dificultades tengamos, cómo de dolorosa sea la experiencia, si perdemos nuestra esperanza, ese es nuestro verdadero desastre”.

Que nadie te imponga “dormir” más de lo que deberías. Despierta para vivir, para disfrutar, para compartir todo lo bello y bueno que este planeta te ofrece, compartir, responsabilizarte, social y globalmente. Y así, también, poder ayudar a tu gente. Ayudemos a quitar o aliviar miedos del presente, originados en el pasado (nuestra mente todo lo archiva y almacena).

Venimos para servir, para compartir, para ser útiles los unos con los otros, para amar y ayudarnos. Es el mejor enriquecimiento que recibirás en tu vida.

Las sensaciones viscerales y no las materiales son las que al buen hombre de conciencia le dejan transitar serenamente. Él no tiene miedo y sí satisfacción de haber hecho bien la cosas. Nadie le impuso de creer todo o creer nada. Fue su conciencia y responsabilidad individual lo que le condujo a actuar por amor, por compromiso hacia una responsabilidad colectiva. Actúa de este modo para ayudar a mejorar la vida de los demás, no para atemorizar y paralizar el desarrollo futuro de quienes una vez creyeron ser más felices…

La felicidad no se halla fuera, no se busca. Y aunque a la felicidad se le denomina como un estado emocional de la “persona feliz”; como la sensación de bienestar y realización que la persona experimenta cuando alcanza sus metas, deseos y propósitos; o como un momento duradero de satisfacción, donde no hay necesidades que apremien, ni sufrimientos que atormenten, … aun ante todo eso, la felicidad es efímera si no la cultivamos con nuestros buenos pensamientos y actitudes altruistas hacia los demás. Cuando te veo sanamente feliz yo me siento dichoso (feliz). Y esta, quizá, es la meta: Sentir la felicidad de los demás como la tuya propia.

Usemos la esperanza de compartir felicidad y quitar miedos. No podemos retroceder, hay que evolucionar, no repetir una tras otra las mismas lecciones.

Que de nuestra boca salgan palabras de esperanza, también de nuestros gestos. Y con tu actitud has de ser convincente.
Porque una esperanza, o lo que es lo mismo, un estado de fe y ánimo optimista ha de alientar, reanimar, reavivir, animar, confortar, consolar y estimular, a quienes te escuchen y observen para que el miedo impuesto empiece a pesarles menos.

Da esperanza a quienes no ven y están “ciegos”, a quienes escuchan pero no oyen la autenticidad. Y a quienes creen no volver a ver el sol ayúdales a superar la noche.
Llegará una mañana que, gracias a tí, verán el sol. Y el sol podrá arrojar todas sus sombras detrás de él.

– Esther Vernet –

“El anciano sintiendo agrietarse el camino se paralizó. No quería escuchar las voces de la gris tormenta que intuía avecinarse.
Las saetas del reloj no dejaban tregua al anciano que quería detenerlas. Sentía su respiración, sabía que estaba vivo ¡y quería seguir estándolo!

¿Estoy en un sueño? ¿Estoy durmiendo o estoy viviéndolo realmente? se preguntó. Volvió a verse, esta vez reconoció un sendero, un color verde marrón difuminaba allá al fondo de un anterior gris triste.

La tormenta no llegó a materializarse. Y una sonrisa se dibujaba en el rostro del anciano. Estaba recordando palabras alientadoras que en su vejez, y ya antes, desde que se había jubilado, alguien querido siempre le había repetido.

El anciano se alzó y cambió de rumbo. Al otro lado del río, monte arriba vio destellos de luz. A cada paso que daba iba recobrando la esperanza. Ya no escuchaba voces de ninguna tormenta gris. Ahora, eran voces humanas:

“mientras las saetas de tu reloj avancen, yo iré cubriendo las grietas de tu camino para caminar juntos y, así, poder acompañarte. Hasta que tu alma te llame ¿sabes papá? tú no estarás solo, ahora me toca a mí cuidarte. Cada vez que sientas que el miedo agrieta tus pasos yo los cubriré con palabras bien firmes, de amor y agradecimiento por todo lo que por mí hiciste”.

– Ah, hola papá ¿qué tal la siesta, has podido dormir bien?” – escuchó el anciano padre al entrar en la sala donde se encontraba su hijo.

Sí, muy bien.

Perfecto, pues entonces qué te parece ¿te apetece que hagamos una partida de ajedrez antes que vuelva al despacho?

El padre sonrió asentando con la cabeza. Ahora sabía que el miedo que había sentido antes había sido en un sueño.
Y, ahora también, volvía a saber que no se sentiría nunca solo, y esta era una realidad.”

(© Fragmento de un texto de Escritura Terapéutica y Narrativa Reparadora con PNL, “Un sueño de esperanza” autora Esther Vernet, para la Università de Barcelona, 2020)

(*) Avram Noam Chomsky, un lingüista, filósofo, politólogo y activista estadounidense -del East Oak Lane, Filadelfia, Pensilvania- de origen judío con 91 años de edad, y cuyas reflexiones no dejan indiferente a ninguno de quienes, como a mí, nos gusta la lingüística y las ciencias (no solo la cognitiva).

Es profesor emérito de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y una de las figuras más destacadas de la lingüística del siglo XX, gracias a sus trabajos en teoría lingüística y ciencia cognitiva.

El New York Times lo ha señalado como «el más importante de los pensadores contemporáneos»
The Chomsky Problem (en inglés). The New York Times (25-2-1979).

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La situación no ha finalizado para nada

Ante este virus, máxima precaución, no bajar la guardia, la actuación de responsabilidad colectiva debe continuar (y tendríamos que tenerla siempre, independientemente, de la situación que haya).

En este país no hay unidad, me duele decirlo pero es así. No hay unidad, hay confrontamiento (basta ver cómo se comportan algunas personas, y escucharles cada día por la televisión…) no parece muy esperenzador. Y, el confrontamiento, desde luego, no ayuda; empeora la situación, debilita, confunde y separa.

Este virus va a aprovechar para colarse por donde pueda. Si no nos aclaramos, si no nos decidimos a ir “todos a una”, este virus se nos va a colar, rebrotará en cuanto nos despistemos. Va a suceder como la arena fina, que en cuanto te mueves y te despistas se te cuela por donde ve las fisuras.

Oyendo a una compañera enfermera, que está “quemada”, que no puede más,…Me pongo a orar por ella, por todos. Entre nosotros hay mucha solidaridad. Ante la situación que atravesamos ¡cómo no orar! Mentalmente me oigo decir “ahora que parecía ir a mejor…¡la situación que no se descarrile, por favor, qué no descarrile!”

Al salir el otro día del hospital (después de hacer el turno de noche), no daba crédito a lo que estaba viendo. Ella y otro compañero se quedaron atónitos ante la escena. Era el primer día de salida para hacer deporte al exterior. Y lo que debería ser, para algunos era la excusa perfecta para encontrarse con amigos y charlar entre ellos, en pequeños grupos (eso sí, vestidos de deporte).

Ante el cansancio, pensando en lo grave que estaban algunos de sus pacientes, ante la impotencia de lo que estaba viendo: multitud de gente sin las correspondientes distancias…la compañera estalló a llorar.

“A algunas de estas personas que están por aquí, con su actitud, nos están demostrando que no les importa cuánto quemadas estamos quienes trabajamos cada día en primera fila,
y muchas veces doblando sin descanso” decía apenada la enfermera.

El compañero que tenía a su lado añadiría “y alguno de estos, que van en grupito, no parecen temer a ser contagiados. A ver cómo iban a salir mañana a respirar si alguien les contagia y el virus les quemara sus pulmones“.

Y rezo por la no destrucción de todo lo que hasta ahora, con valor, constancia, profesionalidad, pero también con mucho sacrificio, hemos construido; por amor a nuestra profesión, con cuidados y curas hemos salvaguardado.

Salvaguardar y no destruir. Que no destruyamos aquello que no estaba destinado a quemarse; que el surgimiento de este desconfinamiento sea a escala, sí, pero no a escala “desfrenada”; que no implique la ocurrencia de rebrotes, con riesgo para los ciudadanos y profesionales de cualquier rol de servicios esenciales y requeridos, como somos los sanitarios en cualquiera de los hospitales; ¡Qué no se propague más! algo que ya iba, poco a poco, disminuyendo.

¿Qué sucede ante un incendio masivo sin precedentes, cuando se trabaja y se lucha sin descanso apagando fuegos tras fuegos? Poco a poco el fuego va disminuyendo y, poco a poco, ves que va desapareciendo, pero quienes están al frente no bajan la guardia. Las cifras de pérdidas tanto de su hábitat, terreno y expansión ha sido considerable y, por su importancia, tenemos que ser vigilantes, cautelosos y estar prevenidos. El incendio puede estar controlado pero eso no significa que esté extinguido.

No permítamos que, por la imprudencia, el virus se vuelva en contra de nosotros, en un Bumerán, se ría en nuestra cara y nos dé “la bofetada”.

A quienes les llamaron héroes o ángeles,..
Ahora, esos “ángeles” solo quisieran, ver extinguido “el incendio”, ponerse unas alas prestadas (que les echaran los verdaderos ángeles, “esos de arriba”) y echar a volar…para aterrizar en sus hogares, sin más preocupación, que el de poder vivir cada uno su propia vida.

Esther Vernet

(Una enfermera, profesora y escritora que enseña, a sus alumnos enfermeros, a escribir con metáforas, y a poner colores, allí donde el cansancio, no deja ver la luz…) 🌈🙏

#enfermeríaesmuchomás
#teacompañohastaelfinal #escrituraterapéutica @esthervm_escrituraterapeutica (Instagram)

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Reflexiones y lecciones de vida, también desde el confinamiento, hacia la madurez emocional. 

Nuestro perrito Bir se durmió mientras estuve cuidando nuestras plantas

Lecciones de vida hacia la madurez emocional. 

Aprendemos la diferencia entre dar la mano y socorrer a un alma. (aunque ahora nos toque ponernos guantes)

Aprendemos, que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad. Comenzarás a aprender que los besos y abrazos no son contratos, ni regalos ni promesas.

Aprenderás desde la experiencia, sin firmas ni promesas. Te ayudará a crecer tu intuición, cuando Sientas con y desde el corazón.

Comenzamos a aceptar nuestras derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto. Aprenderás a construir hoy tus caminos, sabiendo que el terreno de mañana es incierto para tus proyectos, pues el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.

Pasa el tiempo…
Hemos aceptado y comprendido, que el Sol quema si nos exponemos demasiado, que incluso las buenas personas que creíamos conocer, demasiado bien, pueden herirnos alguna vez. Y necesitaremos saber perdonarlas.

Aprendemos que hablar puede aliviar los dolores del cuerpo y que cuando escuchas, a tu prójimo, sinceramente, tú noble alma se enorgullece. Y, mientras tanto, habrás descubierto que lleva años construir confianza; y apenas unos segundos destruirla. Y que tú también podrás hacer cosas de las que, con el pasar de los años, te arrepentirás para el resto de tu vida.

Hemos aprendido que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias (y ahora con el confinamiento, debido al coronavirus, más que nunca te das cuenta de quienes son tus verdaderos amigos);
y que no importa qué es lo que tienes, sino a quien tienes en la vida y que los buenos amigos son la familia que nos permiten elegir.

Hemos aprendido que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que lo amigos cambian. Te darás cuenta de que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa; o, simplemente, nada, solo por el placer de disfrutar su compañía (ahora toca disfrutarlos por teléfono o videollamada).

Te apenarás al darte cuenta las veces que has dado por descontado a las personas que más te importaban; por eso, siempre debemos decir a esa persona que la amamos, nunca estaremos seguros de cuándo será la última vez que la veamos. (y, por eso, nunca me canso de decirles “Te Quiero o Te Amo”)

Sigue pasando el tiempo,
Y, hemos aprendido, que las circunstancias y el ambiente que nos rodea siempre ha tenido, y tiene, influencia sobre nosotros, pero que nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos.

Aprendemos que no deberíamos compararnos con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar. Descubrirás que lleva mucho tiempo llegar a ser la persona que quieres ser y que el tiempo vuela, se nos pasa casi en un suspiro.

Aprenderemos que no importa dónde hemos llegado, sino a dónde nos dirigimos; y, si aún no lo sabes, cualquier lugar sirve.  Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlan y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuán delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos.

Con el tiempo…
Hemos aprendido que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario enfrentando las consecuencias.

Y estamos aprendiendo, que la paciencia, requiere mucha práctica. Descubrirás que, algunas veces, la persona que esperas que te pisotee cuando te caes, tal vez,  sea una de las pocas que ayuden a levantarte. Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de la experiencia, que con los años vividos. (Con la pandemia, un curso intensivo, nos sirva para aprender de la carrrera de solidaridad)

Hemos comprendido que hay mucho más de nuestros padres en nosotros de lo que suponíamos. Entenderás que nunca se debería decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes. Además, sería una tragedia si lo creyese, porque le estarías quitando la esperanza.

Aprendemos que cuando sentimos rabia, tenemos derecho a tenerla, pero eso no nos da el derecho a ser crueles. Nunca.

Con el tiempo, comprendes que solo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman pero no saben cómo demostrarlo. No siempre es suficiente ser perdonado por alguien; algunas veces, tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.

Y aprenderás que con la misma severidad con que juzgas, también serás juzgado y, en algunos momentos, condenado. No juzgues intencionadamente si no quieres ser “juzgado erróneamente”.

Con el tiempo, aprendiste que no importa en cuántos pedazos tu corazón se partió, El MUNDO NO SE DETIENE para que lo arregles.

Hemos aprendido que el tiempo no es algo que podamos hacer que vuelva hacia atrás; por lo tanto, no perdamos tiempo y, a cambio, cultivemos nuestro “propio jardín” y decoraremos el alma, en vez de esperar a que alguien nos traiga flores. (en este período, podrías aprovechar a cultivar en tus balcones, terraza o ventanas, dando las gracias a las plantas y sus flores por “decorar” y ser los  mejores cuadros de este confinamiento. Y también agradece y disfruta de la compañía se tus mascotas domésticas. Yo disfruto de la compañía de mi fiel amigo, el perro, mientras cuido de mis plantas)

Entonces, y solo entonces, cuando todo esto hayamos aprendido…y comprendido, sabremos realmente lo que somos capaces de soportar;

Comprendes que eres fuerte y que podrás ir mucho más lejos de lo que pensabas, cuando creías que no se podía más. Realmente, la vida vale, “cuando tienes el valor de enfrentarla”. (el valor a enfrentar la pandemia te ha hecho convertirte en una persona más fuerte. En tí habrá un antes y un después. No hay vuelta atrás)

Aprendiendo, aprendiendo, descubres Ser más fuerte, y que la vida vale la pena…¡vivirla!

(En este período de nuestras vidas  descubrimos el más increíble “crecimiento personal”. ✨
Sigamos aprendiendo para no ser, nunca más, los imprudentes de una vez. En este período, que estamos atravesando, me han venido varias veces unas palabras a mi mente. Cuando estuve en Washington, leí una frase de Abraham Lincoln:  “No se puede escapar de la responsabilidad del mañana evadiéndola hoy”,  palabras del ayer que se han manifestado en nuestro presente.
Pasarán años, siglos, y habrá que continuar aprendiendo, de todas las lecciones vivenciales y, sobretodo, aprender emocionalmente, para estar en armonía con nuestras resposibilidades.  – Esther Vernet M)

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Si está cansada pídele perdón, sosténla en tus manos y cuídala

La Tierra se está cansando de nosotros.
Sostengámosla ¡en nuestras manos está!

Nosotros, los prepotentes y arrogantes, que nos adueñamos sin pedir ni escuchar a ella que nos alimenta ¡Qué la Tierra nos perdone! Nosotros que solo somos huéspedes, de ella, y no sus dueños.

Reflexiones que continúan, a medida que más años voy cumpliendo; reflexiones que llegan a mi cabeza, una vez más, en un día señalado. Dicen que hoy es el “Día de la Tierra”.
Y, mientras pienso en que todos los días son “el día de la Tierra”, me pregunto cuándo seremos capaces de corresponderle como se merece.

Con tantos años de existencia que tiene el ser humano ¿por qué no aprende de los otros huéspedes? el resto de seres vivos respetan y protegen su Hogar bioterrenal, un ecosistema sin igual. Es una belleza, sin igual, saber que todos venimos de un sistema biológico. Constituimos una comunidad de seres vivos, y deberíamos honrar el medio natural en que vivimos. Respetemos a todos nuestros ecosistemas terrestres, desde los más pequeñitos: los charcos de marea de las rocas y, también, tan extensas, hasta el bosque más completo que haya.

Tiempos de confinamiento para pensar y reflexionar. Sigo siendo tu huésped, mi amada Tierra. Cierro los ojos y viajo por todos nuestros ecosistemas. Viajo en tí, contigo y por tu alrededor. Gratitud inmensa hacia lo que representas. Sin tí yo no soy nada. Sin tí mi persona no existiría. Te honro.

Déjame pedirte perdón. Pido perdón por mis errores y por la parte de responsabilidad que me corresponde.

Déjame expresarte mi gratitud. Agradezco infinitamente haber caminado sobre tí, paseos maravillosos por tus cimas, colinas y montañas, por el lado de tus costas, océanos y mares. Desde este confinamiento global, con cariño y nostalgia, la gratitud más que nunca, de mí, ahora emana. Agradezco respirar de tu aire, pidiendo al universo que mis pulmones no se enfermen, para poder seguir, de tí, respirando; sin olvidarme de agradecer el poder contemplar tus cielos, aunque sea, por ahora, desde el balcón o desde mi terraza.

Te han pisoteado sin mirar. Y, a veces, pretendiendo, sin mirar ¡cuántas consecuencias puede acarrear!
Nos olvidamos de cómo caminar ligeramente sobre la Tierra como hacen sus otras criaturas.
Y, visto, cuánto sucede a nuestro alrededor poco hemos aprendido.
Tú mereces reconocimiento.

Te honro, y te pido perdón por esos tiempos de inconsciencia. Te honro y te pido perdón por esos momentos en que no supe ver lo invisible, tu pureza y esencia. Te honro, y te pido perdón por
por esos momentos en que no supe escucharte.

De las palabras de Víctor Hugo hago acopio «Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no la escucha»

Y, mientras sigamos sordos, unos más de otros…
de nuevo ¡que la Tierra nos perdone!
(hasta que, de nosotros ¡del todo no se canse!)

EstherVM

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ACARICIANDO CON EL ALMA

Casí cada día hablamos, ya sea directamente por teléfono o watsapp,  entre compañeras y amigas enfermeras, también de otros países (nos comunicamos con colegas que trabajan en América y Francia), o me escriben enfermeras alumnas mías. Hay una gran solidaridad internacional entre compañeros que emana una hermosa luz de energía orbitando sin fronteras (gracias a dios o al Universo…no solo esta pandemia atravesó las fronteras).

Es bonito poderse dar apoyo emocional, muy necesario en estos momentos difíciles que estamos viviendo.

Y, como es de esperar, reflexionamos sobre todo un poco lo que está aconteciendo. Sobretodo de esa energía “sobrehumana” que te hace sacar fuerzas donde nunca hubieras creído tener. Es mucho el esfuerzo físico pero es mucho más el amor que se siente…y es gracias a este AMOR en mayúscula, te pones en los “zapatos” del otro, ósea en los de tu paciente. Por la empatía “olvidas” lo mal que estás y te vuelcas en dar y transmitir tu cariño, lo mejor que puedes, a quienes están peor y lejos de sus seres queridos.

Alguien me pidió que escribiera un mensaje. “Medio en broma, medio en serio”, una enfermera que se encuentra en un importante hospital de Barcelona me ha dicho: 

Esther, a tí que se te da tan bien escribir ¿podrías escribir sobre estos sentimientos que hemos estado hablando y, así, poder transmitirlos?  Tú eres la Prof. enfermera escritora… – acaba diciendo, riéndose, buscando mi complicidad.

Habíamos estado hablando sobre lo agradecido que se sentía el familiar de un paciente ingresado…por haber “ocupado” su puesto…

Espero poderos transmitir estos sinceros y nobles sentimientos que, de todo corazón, es cómo los Sentimos. Cada uno de nosotros podríamos ser uno de esos familiares.

A vosotros Familiares que tenéis a algún ser querido ingresado:

Sabemos que nuestra mano nunca será como la vuestra, como cuando con una caricia os acercábais a ellos.

Propio el amor hacia ellos, hacia vosotros mismos y los vuestros, por la prudencia, el respeto, el dejarnos trabajar por y para ellos,  el confinamiento y la responsabilidad colectiva no os permite acercaros y cogerles la mano pero creernos, por favor, si os decimos esto:

En estos días, y más que nunca, no solo somos sus enfermeras, médicos, auxiliares, … somos más que todo lo que conlleva el título y vocación de nuestra profesión. Hoy somos sus familiares porque todos, en equipo, y junto a ellos, Somos Uno.

No os quede la menor duda que hoy cuando sientan una acaricia dada por nuestra mano, ésta será también la vuestra.

       
Sé que hoy muchos de mis compañeros tampoco pueden acariciar a sus hijos, padres, maridos o esposas,…
Y también sé que, ellos, enfermeros, médicos, auxiliares,…en este preciso momento, están tomando la mano a algún familiar vuestro, con el mismo cariño, atención y respeto como si de un familiar propio, suyo, se tratara.

Cuando sabes estar en la certeza que Todos Somos Iguales ante tal magnitud, cuando tu conciencia te dicta que no eres mejor ni peor de nadie y cuando respetas a esa consciencia universal… Agradeces cada Acaricia recibida o dada con el Alma. 💕💞🙏

Esther Vernet

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Que el año 2020 nos traiga paz, amor, lucidez y armonía, equilibrio tan necesario para vivir en coherencia

Que el año 2020 nos traiga paz, amor, lucidez y armonía, equilibrio tan necesario para vivir en coherencia: cerebro y corazón, unidos de la mano. Seamos más bondadosos y compasivos, más amorosos con nuestros semejantes.

Que podamos disfrutar con amor, con salud, paz y serenidad.
Que podamos ver y sentir solo la autenticidad…
y es que con la edad,  con el pasar de los años es con lo que un@ quiere quedarse! Como con los auténticos seres estimados! todos aquellos que, de verdad, te quieren y en nuestros corazones un puesto tienen; los/lo demás es algo pasajero-s,  que no te preocupe, ni te quite el sueño! Pensemos en que nada es tiempo perdido, todo es tiempo aprendido.

“Que la vida nos libre de los lobos vestidos de ovejas,
de la envidia disfrazada de amor,
de la descortesía disfrazada de amabilidad,
del odio detrás de una sonrisa
y de la falsedad vestida de amigo”

Que en este teatro que es la vida, el nuevo año nos prive del egoísmo, prepotencia, prejuicios, falsedad…

Y brindemos por la autenticidad de Ser y Estar unos con otros, con compasión, bondad, ilusión y alegría. Apostemos por la unión y la convivencia. Defendamos el planeta. Respetemos y salvaguardemos a todos los seres vivos. Que cada uno pueda desarrollar su función natural. Con nuestros pensamientos y comportamiento cuidemos de la naturaleza.
Quizá,…cuando dejemos de lado nuestro egocentrismo y egoísmo, aún estemos a tiempo…

Quizá, si este año nos convencemos que estamos “al límite”, algo bueno podamos hacer, en cuenta de contribuir a la extinción de especies.

Quizá, este año nuevo nos decidamos a ir “a por todas”,
Quizá, solo quizá, si de verdad nos convencemos que somos nosotros quienes están arruinándolo todo…nos pongamos este año seriamente a pensar, a actuar con el ejemplo:  a amarnos y respetarnos, en cuenta de destruirnos…

Desde aquí, desde corazón y mente, desde mi ser y alma, a cada uno que sigue y me lee, a mis pacientes, alumnos  (también ex-pacientes y ex-alumnos que de un modo u otro continuamos en contacto), a quienes partieron, a quienes volvieron, a quienes no volvieron, a quienes nunca se fueron, y a los futuros nuevos que en mi camino encontraré, os traslado mis más sinceras Gracias.

Un millón de Gracias por haber sido participe, por compartir, por haber pasado y dejado un saludo, en este espacio virtual (y no por eso menos real), y es que a muchos que estáis en la distancia os siento tan, tan cerquita.

Por todo ello, y muchos más, este último medio año, se me hizo más ameno. En compañía e interés sincero, la recuperación y convalecencia de cualquier lesión se pasa mejor. Y, de nuevo, os quiero dar las Gracias por ello.

Gracias a todos por formar parte de mi 2019.

Feliz año nuevo 2020, donde estás a punto de vivir 365 días de historias. Espero que podamos vernos y, aunque sean en algunas pocas, poderlas compartir (y así, esta humilde escritora, también gracias a tí, poderlas escribir!! 😉😊).

De corazón, os deseo 365 nuevas historias de disfrutar, maravillaros,  aprender y de poder contar!!!💖✨

Esther Vernet, BCN 31/12/2019
esthervm.wordpress.com
Gabinete psico-físico Helos

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Reflexiones de las fiestas navideñas…después de sus “galets amb pilota”

Hemos comido la típica sopa navideña, *escudella de “galets amb pilota” (plato tradicional catalán de pasta gorda con albóndiga gigante casera de carne de olla). Otros años relleno la pasta, cada galet, con “pilotes” pequeñas de carne.
El caldo ha salido buenísimo.

*La escudella es un caldo típico de Cataluña y, esencialmente, se trata del mismo plato que el “putxero i pilotes o caldo i pilotes del País Valencià” (mi abuela paterna que era de Morella, Castelló, para Navidad nos hacía siempre “les pilotes”.

Salgo de la cocina de fregar. Miro a mi padre sentado ya en el sofá. Y tal como un minuto antes (y como cada año) he pensado en el tiempo, en cómo pasa todo rápido.

Tantas horas en cocina esta mañana, para luego comer en un momento, y después de vuelta a la cocina para fregar todo – pienso en voz alta.

Me voy a mi habitación a descansar un poco (mi marido como cada año trabaja). Con muchísimo amor y gratitud pienso en él, en mi amado, en mi compañero de viaje, deseando que tenga un buen día, y agradecida porque, aunque también tenga mañana guardia de 12 horas, podremos cenar juntos, aunque se tenga que ir a dormir, más pronto de lo habitual, para poder descansar y levantarse, de nuevo, muy temprano.

Mis hijos se han quedado jugando a la PlayStation, mis padres viendo la televisión. Y yo, ya tumbada en mi cama, semisentada con los pies encima de dos cojines.
Ayer tuve la visita en el hospital con la cirujana traumatóloga ortopédica: lo bueno de la visita especialista es confirmarme lo que yo confiaba y ya sabía: que no hay que operar, pero, lógicamente, tampoco hay que sobrecargar al pie porque la recuperación de los edemas óseos y la lesión del ligamento
es larga, se necesita mucha paciencia, ha dicho! Con que ahora hay que hacer descansar a los pies…(¡después me tocará de nuevo estar en pie para los preparativos de la cena!).

Cierro los ojos. Hago algunas respiraciones meditativas. Me siento agradecida de mi vida. En el “baúl de los recuerdos” solo queda la memoria positiva, los bonitos momentos vividos. Mi cerebro ha sabido reciclar lo traumático, pero como en todo se ha necesitado trabajar cada día de mi existencia, la práctica y la constancia. La perseverancia es lo que nos lleva a ver resultados.

Continúo con los ojos cerrados. Es muy confortable.
Me vienen a la mente imágenes de seres a quienes tanto estimo.
Y, así, con los ojos cerrados, pienso, reflexiono.

Me encuentro bien. Me encuentro pensando en todos aquellos seres a quienes tanto amo; pensando en estos días festivos (para muchos estresantes por no poder “acontentar” a todos); pensando en los que mucho trabajan o que están de guardia, de 12h o más en estas fiestas, (como es el caso de mi marido); pensando en los que “partieron” en estos días señalados (mi abuela murió un 24 de Diciembre) y ayer, por desgracia, supimos que también partió en su “último viaje” el marido de una amiga…

Y pienso: “La vida es un soplo. Por qué el ser humano se complica tanto la vida si su existencia va a ser solo un suplido? Una ráfaga de viento, cuando menos se lo piense se lo llevará a otra parte.

Por qué no disfrutamos en vez de quejarnos y juzgar “al vecino” Por qué no somos más agradecidos?”.
Ya el hecho de poder respirar cada día sería suficiente razón para estar contentos. Y, en ese momento, Siento con plena conciencia mi respiración. En ese mismo instante me hago consciente que no me falta Nada para ser feliz. Soy Feliz.

Nos pasamos la vida pensando en lo que nos falta, en aquello que podría haber sido, en lo que aún no hemos conseguido,… Y, pensando de esta manera, parece que nos guste vivir desde la carencia.

¡Cuánto malgaste energético! Pensando de esta manera nos perdemos lo más sencillo y genuino, lo más valioso, mientras esperamos a que llegue “eso o aquello”, en vez de ser más agradecidos con lo que tenemos. Y es que, todo lo que tenemos es mucho más de lo que pensamos.

Olvida “aquella cosa material” que te falta y valora lo que sí tienes. Piensa en quienes, de verdad, están a tu lado, un año más. Y a quienes se fueron bendice les allá donde se encuentren.

Quienes no estén con nosotros, en este plano físico, desde donde estén, ellos seguramente nos guían con su luz. Por la noche, cuando esa luz ilumine, siéntete agradecido y acompañado igualmente.
Me gusta salir cada noche a la terraza, alzar la cabeza hacia el cielo y encontrar esa estrella especial. Hay varias pero en especial sé que hay dos que me iluminan. La memoria de un ser amado nunca muere, su energía solo se transformó para que sigamos sintiendo su Esencia.

Al amigo o pariente que se alejó o fuimos nosotros a alejarnos (porque no importa quién fue, todo en la vida tiene un porqué de ser. Nada es una casualidad y todo sucede por algo) recuérdale, con cariño por los buenos ratos vividos juntos.

Seamos más agradecidos. Y valoremos lo que de verdad importa. Deberían importarnos las personas y no “las cosas”.

Por lo tanto, valoremos las personas con quienes compartimos amor, la familia, la amistad verdadera, los buenos compañeros que están siempre allí, dispuestos a ayudarte en tu puesto de trabajo cuando lo precisas; a los buenos vecinos que también los encuentras disponibles, te ayudan gentilmente, como a subir el carro de la compra o sencillamente a pararse en la escalera e interesarse sinceramente por tí y tú familia, etc…

Con todos compartamos ilusión, esperanza y buenos deseos (sin necesidad de esperar a que lleguen fiestas señadas como estas).

¡Qué mejor ejercicio que practicar, durante todo el año, altruistas y buenos deseos a nuestro prójimo! para que cuando llegue “la Navidad”, no sea solo simbólicamente sino que sea Sinceramente.

Cuando deseas de corazón lo mejor a tu hermano, a tu semejante,…a tí, se te devuelve multiplicado, porque él es tu espejo.
Somos el reflejo de nuestro espejo, somos el reflejo de aquellos según cómo les observamos. Es decir, somos el reflejo de nuestros pensamientos.

Sé el dueño de tus pensamientos y emociones, sé un gran creador de vivencias positivas y altruistas, deseando lo mejor para tí y los demás.

Y aprendamos a perdonar, no seamos orgullosos. Que nada nos impida saber pedir perdón. Perdona y, sobretodo, aprende a perdonarte (si eres de los que se juzga duramente, perdónate por ello). Aprende de los errores para ser mejor persona pero no seas demasiado autocrítico contigo mismo.

Sé todo corazón: compasivo, bondadoso y pacífico.
Mi deseo es que desde tu corazón emane esa bonita y hermosa vibración. Y esa vibración no es otra cosa que la energía de la paz, la abundancia y la bondad. ¡Transmítela los 365 días!

¡Qué bello es poder ser una influencia positiva para los demás!
¡Contagia a quienes estén cerca de tí! y quién sabe… quizá, éstas serán luego quienes contagiarán a otros más…Esta sí que sería “una cadena” valiosa ¡no como algunas ficticias de watsapp! 😉

Y sin más “reflexiones de días y fiestas de Navidad”, a tí que estás leyéndome,…
de corazón te deseo mucha salud, amor, prosperidad y felicidad para cada uno de los días de tu vida, seas de la religión que seas, cultura, ideología, país, raza….pues solo Somos una raza, la humana!
Y solo a nosotros está decidir si queremos amarnos u odiarnos.

Por el respeto, la unión, la convivencia, la dignidad, la libertad, la Paz, porque tú eres mi Hermano yo decido Amarte y, en consecuencia, Amarme.

Que la luz de la consciencia, se manifieste con fuerza en tu vida.
Que tu alma vuele alto y lejos, para que llegue al lugar donde sea capaz de “empujar” a todos aquellos que no pueden hacerlo por sí solos 🙏🏻

¡Feliz Navidad! 🎄💫 💖💫

Esther Vernet, BCN,25/12/2019

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TOMAR CHURROS CON CHOCOLATE CON MI MADRE…¡vaya si es un buen “arreglo”! ¡es bueno, bueno, además de “dulzón”!😋😉

Esta tarde mi madre  tenía una visita especialista en el Hospital. Como decía que le dolían las piernas, sobre todo las rodillas, he llamado a un taxi. Durante el trayecto hacia el hospital, mientras el taxi estaba parado en un semáforo, por la ventanilla mi madre ha visto una “granja” (cafetería-pastelería) donde en el escaparate se leía “churros con chocolate”.

– hace mucho que no comemos chocolate a la taza con churros ¿verdad? – me dice y pregunta a la vez mi madre

sí, es verdad, hace bastante, pero eso tiene arreglo – le respondo yo con un guiño.

Se pone de nuevo verde el semáforo para la circulación de los automóviles y arranca el taxi. Y con él desaparece la imagen de los “churros con chocolate”. Miramos hacia adelante y junto a la taxista (una mujer muy agradable quien conduce el taxi) cambiamos de tema. La taxista nos habla del poco tráfico que estamos encontrando y que tendremos suerte en llegar temprano a la cita.

Salimos del hospital. La visita ha sido realizada por un médico encantador, tanto por el trato profesional como por el personal (da gusto poder hablar con profesionales así de competentes y humanos).

¡qué pronto oscurece en invierno pero qué bonitas se ven estas luces! – comenta mi madre.

Ya fuera del hospital.

Estamos en la calle principal donde está ubicado el hospital. Es una calle repleta de comercios. Apetecía caminar y contemplar las luces de colores que adornan y alumbran las calles.

Para regresar a casa, mi madre ha querido probar a caminar un poco, entrar en algunas tiendas a mirar adornos navideños. Y, luego, ha querido regresar a casa en autobús.

Ya sé lo que ha dicho el doctor, que estas rodillas no tienen arreglo,….pero ¿qué ha dicho el doctor, que con lo que tengo en las rodillas es bueno que camine o no? –me pregunta

¡que sí mamá, que es bueno! pero que vayas siempre acompañada para evitar, al máximo, posibles caídas, debido al estado de los huesos de tus rodillas (debido a la artrosis ha tenido varias lesiones en sus rodillas, como también rotura de menisco) – le respondo (haciendo hincapié para que no “baje la guardia” ya que es bastante testaruda).

Mientras vamos caminando, mi madre se ha percatado que estamos muy cerquita de una parada de autobús que pasa por nuestro barrio, y comenta:

Mira, ahora todo es en bajada, el autobús nos dejará cerca, abajo de nuestra calle. No es necesario que vayamos en taxi.

Desde que habíamos salido de casa para acudir a la cita del hospital, después “el paseo” dentro de algunas tiendas, y también fuera, nos han transcurrido 3 horas.

¡Uiii que cansada estoy! ¡y menos mal que he estado este rato sentada en el autobús descansando un poco! – dice mi madre, mientras subimos por nuestra calle de regreso a casa.

Pues sabes qué mamá…que aparte de lo “tozuda” que eres, de cómo dices tú “estos huesos míos no tienen arreglo” y el ratito que has ido sentada en el autobús,…Ahora yo te digo (y aunque ya lo sepas) que te quiero mucho, que vas a descansar otro ratito más, y que, esta vez, me vas a hacer caso porque te voy a invitar a algo del que hoy has mencionado, y como bien te he dicho “eso sí tiene arreglo”: Vamos a tomarnos una buena taza de chocolate con unos ricos churros. Sé que ya estamos muy cerca de casa pero antes de llegar, vamos a entrar ahora en una churrería, la de toda la vida “La Churre”. Tú conociste la antigua y solera “churrería Elena” cuando la llevaban la Sra Elena y el Sr. Domingo. ¿Recuerdas, verdad, cuando al salir del colegio me llevabas a veces a merendar allí? Pues ahora te voy a llevar yo a pocos metros de allí, con su hija y yerno (que, entonces, en aquella época, también trabajaban con ellos). Cambiaron de lugar y de local pero la esencia de todo lo que representaba, su profesionalidad, el trato y la amabilidad con su clientela ha continuado. Ese carisma ha perdurado, aun a pesar de todos estos años ¡y se siente! Todo lo que ellos hacen sigue siendo riquísimo ¡como sus churros con chocolate!  

Mi madre se ha alegrado mucho de verlos. Con el yerno ha podido recordar y hablarles de esa época, de lo simpático y bromista que era el Sr. Domingo

– ¡Qué majo era! – le dice a Antonio, el yerno.

A lo cual él responde: “¡y también mi suegra!”

¡Por supuesto, también la Sra. Elena! – le dice mi madre.

Y, así, hemos finalizado la tarde-noche, haciendo algo que sí tiene arreglo.

¡Qué a gusto me he comido los churros con el chocolate, hija mía!- ha acabado diciendo mi madre (¡y me lo creo! porque se ha acabado todo, mientras que yo me he dejado dos churros por comer, ya no me entraban más ¡Puede que, por verla a ella tan a gusto comer, yo me haya llenado!).

Y con esa frase me doy ya por satisfecha. Feliz de observar, después, a mi madre no acordarse del dolor ni del cansacio; Feliz de poder acompañarla. Y, agradecida, doblemente (desde ayer, acompañando también a otra visita médica para mi padre, fui sin la ayuda de mi muleta).

Hija, tú agarra mi bastón, llévalo tú, que entre tu bolso, la bolsa de la carpeta con todos mis papeles médicos, y yo que voy agarrada a tu brazo, ya tienes demasiado – me decía mi madre preocupada.

Y es que una madre siempre se preocupará por sus hijos, tenga 85 años (como la mía) o tenga más. Por lo tanto, todo lo que creamos que estamos haciendo por los padres, comparado con lo que han hecho por nosotros, desde que nacimos, siempre me parecerá poco.

Gracias Mamá por permitirme ofrecerte algo que Sí tenía arreglo, algo tan sencillo como el  querer tomar juntas chocolate con churros,  y algo tan grande porque nace desde el Ser, el seguir compartiendo. ¡Y, mañana que es el cumpleaños de tu nieto, mi hijo, luego el mío, y el de mi otro hijo, también, compartiremos más! Gracias por estar en nuestras vidas.

Te Amo y te amaré Infinitamente por todo lo que Eres y representas en esta familia.

– Esther Vernet Martín – (BCN, 12 Diciembre 2019)

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Ningún camino es largo con una buena compañía.

El 3 de Octubre escribí sobre los acontecimientos vividos en ese día. Relato y reflexiones acerca de ese día quedaron plasmados en un papel. Hoy alguien muy querido me ha hecho notar algo, aún no los había subido a mi PC.

Desde que tuve la accidentada caída me aparté bastante de las redes sociales. En cuanto a la escritura terapéutica de mí no se apartaría. Habiendo acabado de impartir mis talleres, las clases en la universidad habían finalizado con el término del curso académico, me dediqué a mi convalecencia, a cuidarme  llevando el reposo adecuado.

Seguí escribiendo, eso nunca se abandona. La escritura terapéutica vive conmigo (aun cuando no uso las manos, en algunas noches de insomnio, la mente las remplaza).  Ella ha sido mi “terapia complementaria” en estos meses”.

Escribía para mí. Ahora volvía a ser yo “mi propia paciente”. Y en el tercer mes he podido ver los resultados, todos juntos hemos visto manifestarse mi sueño (nuestro sueño).

Desde hacía muchos años, había quedado en suspense un viaje. Se había hablado de hacer un viaje especial. Sabíamos que iba a ser muy especial, pero no se sabía para cuándo sería. Por un motivo u otro parecía que no llegaba. Los años iban pasando y no se mencionaba más el viaje.
Sería gracias al maratón de BCN que realizó mi marido el año pasado que nos traería de vuelta el tema del viaje. Una de las agencias patrocinadoras le animaba a participar el maratón de NY en Octubre del próximo año (este 2019).

Y qué decir. En Octubre mi marido no estuvo. Al maratón tampoco podía haber ido pero en Noviembre, junto a su mujer e hijos, las calles de la famosa maratón de NY las pudo caminar. Todos juntos la pudimos transitar.
Sí, pasaron los años y, finalmente, ese viaje tan especial tuvo ya fecha. Este año lo hablamos, lo organizamos, y le pusimos muchísima ilusión. Habíamos organizado un viaje a EEUU, a diferentes estados, y empezaríamos por New York, Philadelphia, Washington,..los cuatro, con mi marido y nuestros hijos. Estaba todo reservado, pagado, vuelo BCN a NY el 6 de Noviembre…

Y, en Agosto ocurrió la tal accidentada caída  traumática. Mis seres queridos empezaron a preguntarse si después de lo acontecido, con esas lesiones me sería posible el viaje ¿habría que anular,… cómo acabaría todo?

Hoy en cocina, con mi hijo recordábamos un poco todo: el recorrido desde ese accidentado día 11 de Agosto, mis ganas de superación y optimismo, el maravilloso e inolvidable viaje que hemos vivido en los EEUU…
Él me recuerda lo entusiasta y optimista que me sentía ese 3 de Octubre, aun sin saber cómo iba a transcurrir mi  rehabilitación. La traumatóloga nos dijo que todo dependería de cómo yo evolucionase en ese mes.

– Ese día, mamá tú ya sabías que ibas a poder. Al salir de la visita (y aún no habías empezado la rehabilitación) me dijiste: «hoy va a ser un gran día, un feliz día. Y, de aquí a un mes y 3 días, vamos a emprender tú y yo junto a papá y tu hermano una maravillosa aventura.
La vida es esta, mi amor. No hay que preocuparse tanto por las caídas con las que ella te haga tropezar y doblarte; más bien habría que preocuparse si no quisiéramos levantarnos, y hacer todo lo posible para volver a enderezarnos.
Para perseguir nuestros sueños hay que moverse, empezando por nuestras neuronas, pensando en lograrlo, creyendo. Hay que actuar; confiando, sobretodo, en nosotros, en nuestras capacidades. No seamos nosotros quienes nos pongamos limitaciones ni resistencias.” – Es la conversación que tuve con mi hijo.

Y,  propio él, mi hijo, ha sido quien me empuja hoy a compartir con todos vosotros, aquello que escribí en ese día, el 3 de Octubre, aquello que vivimos ese día, mis humildes reflexiones sobre lo acontecido, mi gratitud, todo aquello que Sentí y acabaría diciéndome al finalizar el día: “Ningún camino es largo con una buena compañía”.

___________________________

Barcelona, 3 Octubre de 2019:

Hoy he tenido la primera visita con el médico rehabilitador. Para ir hacia la consulta, me llevó en silla de ruedas, Angelo, mi marido. Detrás venía nuestro hijo Daniel, pues Angelo después tenía que marchar a trabajar y no podía quedarse más. Con lo cual a la salida de la visita me esperaba Daniel para llevarme a casa.

Él detrás de mí, empujaba de la silla de ruedas, en la que yo me encontraba sentada. Tengo que añadir que, con mucho cuidado y delicadeza, para ser la primera vez que lo hacía.
Así, con ese amor de hijo, me he dejado “transportar”, me he dejado llevar donde quisiera el aire, el sol, y los fuertes brazos de mi hijo pequeño. Me sentía segura, feliz de ese momento que compartíamos. Y confiando en el mes que tendría por delante, antes de nuestro viaje a los EEUU.
Y, así, en este “mi camino” (nuestro camino) recordé haber leído, hace muchos años, una frase por alguna parte. Y que en voz bajita me escucho mencionar:
“Ningún camino es largo con una buena compañía”.

Iba dejándome acariciar por los rayos del sol, mientras iba pensando, y creyendo en que todo era posible. Antes de empezar, creía ya en mi recuperación. “En este próximo mes, junto a la rehabilitación, a mi optimismo y mis ganas de superación, yo  recobraré las fuerzas,  recuperaré movilidad en los  pies y las lesiones mejorarán” me decía para mis adentros.  Ligamentos y huesos, en no tan buen estado,  provocados por la fatal caída de Agosto, “mejorarán notablemente en este mes ¡y estoy segura de su regeneración!” (continuaba diciéndome mentalmente).

Iba pensando ya en las dos fabulosas semanas que pasaríamos en familia, los cuatro, en Nueva York, Philadelphia, Washington…

¡Hacía tantos años transcurridos, desde la primera vez que se había hablado! ¡Eran tantas las ganas de vivir esa experiencia los cuatro, con mi marido y nuestros hijos! que ¡sabía que…yo iba a poder! Y con la ayuda de ellos todo iba a salir más fácil.

Es un día precioso de otoño. Vamos conversando. Y mientras yo me dejo transportar por mi hijo, bendigo este paseo junto a él.

Entramos a ver algunas cosas en algunos establecimientos y, al finalizar,  nos vamos a una terracita de un conocido bar del “barri” (barrio) a almorzar. Es un gozo sentir el calorcito del sol en mi cuerpo (elijo la silla que le toca el sol).

¿no tendrás calor, mamá? – me pregunta mi hijo

No, hijo mío, me gusta, me hace sentir la libertad – le respondo (es mi primera comida al aire libre desde la caída traumática).

He disfrutado, poder hacer de nuevo, “fer barri” (expresión catalana; hablar con el vecindario).

Hemos podido hablar con vecinos del barrio. Con ellos nos hemos saludado y, muy agradecida, se han interesado por mi estado.

Volví a apreciar los saludos de los comerciantes de algunas tiendas y colmados. Con una bella sonrisa y un “cómo estás Esther? ya me enteré por tu marido, te mandé saludos…” algunos de ellos se me echaron casi encima. La alegría era mutua.

Con éstos me he llegado a emocionar…y sonrojar:

Se te echa mucho de menos,  esa bonita sonrisa y tus palabras,  siempre animando a todo el que ves desanimado – me decía el señor del colmado de la primera tienda.
(Cada vez que subo por mi calle, de regreso hacia casa, saludo a algunos de los comerciantes que se encuentran en sus puertas principales o mostradores, a vista de calle. Algunas veces han necesitado hablar, desahogarse. Por ejemplo, cuando sus ventas han bajado, algunos clientes todavía no les han pagado, etc. necesitan una persona que esté dispuesta a apoyarles. Entonces, yo me paro a escucharles, y les animo).

El señor del colmado, se despide de nosotros. Apoya su mano en el hombro de mi hijo, le sonríe y oigo este comentario, el cual noto me vuelve a hacerme sonrojar: 

Daniel ¡qué gran suerte tienes de poder estar junto a ella! cuida a tu madre.

Estas tan sencillas y agradables cosas son lo que le dan sentido al cotidiano. Personas trabajadoras y  humildes, personas de corazón generoso son las que se encuentran en “el meu barri”.  Sentarse en algunas de las terrazas, y de diferentes bares, significa verlos acudir. Les ves acercándose para brindarte un cordial saludo, para interesarse por ti y tu familia. Algunos residentes que antes conocieron a mis padres quedan en nuestros recuerdos. Algunos ya “partieron”, otros son ya muy ancianos. Y, ahora, son los hijos o nietos de los ya jubilados dueños de estos locales, quienes con nostalgia vienen a explicarte historias “del barri” que les contaron sus familiares.

Con mi hijo decidimos irnos a tomar algo.
Nos sentamos en la terraza de un bar bodega que pertenecía al padre de un compañero mío de la escuela elemental.  Mientras nos sirven le voy explicando algunas “aventuras escolares” que compartí con ese compañero, y otros más, del grupo del “cole”. Mi mente vaga y en voz alta pienso:
“¡Qué época aquella, cuánta inocencia e ingenuidad, pero qué bonita y divertida, cuántas risas y carcajadas de nuestras travesuras!”.

Oigo un ladrido. Un perro llama nuestra atención.

Y observo también las personas que están en otra mesa, al lado nuestro. Con ellas entablamos algo de conversación: algo tan cotidiano como es hablar del tiempo. Y algo tan hermoso es poder compartir el amor que sentimos por nuestras mascotas. Hablamos del amor hacia el mejor amigo del hombre, el perro, nuestra otra gran compañía.

Hoy nos ha acompañado Sam,  un hermoso perro que tantas ganas tenía de jugar con su pelota…y con Daniel (me encanta ver a mis hijos cuando acarician con tanto cariño a los perros). He hecho varias fotos, los dos están geniales.

Siempre que he visto (y veo) a Daniel con un perrito o con un niño pequeñito ¡veo su luz! Y, entonces, el “hombretón” y “chuletilla” que hablando, a veces, quiere aparentar,  desaparece. Esas máscaras se le caen y se descubre el gran Amor que, en realidad, Es.
¡Gracias hijo mío, por estos momentos y por tantos otros!

Por unos fugaces instantes me sucumbe la nostalgia.

Recuerdo la niñez de mis hijos y yo junto a ellos, con escoba en mano, mientras cantábamos una canción los tres, bailando, corriendo y saltando junto a Merina una perrita que teníamos. 

Mientras sigo pensando, sentada en esa terraza, me llevo una oliva a la boca. Siento todo su sabor y con un “¡son buenísimas, hijo. Pruébalas!”, vuelvo al presente. 

De repente, como aparecidas “por arte de magia” observo a 2 personas acercándose de prisa, hacia nuestra mesa. Con cierta timidez y, también, alegría (entonces yo no comprendí, más tarde entendería el motivo) me preguntan cuánto tiempo voy a permanecer allí.
Me saludan. Y me preguntan si no me importaría esperarles por unos pocos instantes.
No comprendiendo aún bien del todo de qué se trataba, les respondo “permaneceremos, por lo menos, una media hora.”

Era una pareja de unos  sesenta años. El marido después de verme en la terraza del bar se atrevió a acercarse a preguntar, “No perdía nada por probar” me explicaría después.

Cuando marchó, él se dirigió a su casa. Subiría a su apartamento (cercano al lugar donde nos encontrábamos) para después regresar con 2 libros míos. La pareja me explicó que los habían comprado para regalárselos a unas muchachas que habían sufrido un accidente de tráfico.

La historia no me dejó indiferente. A medida que iban relatándome los hechos sus palabras me iban conmoviendo más.

Se trataba de dos sobrinas de la esposa, hijas de su hermana. En ese momento, ellas se encontraban, cada una en su casa, en convalecencia recuperándose. Actualmente, se sentían ya mucho mejor de sus secuelas. Habían permanecido por una larga temporada ingresadas en el hospital. En el accidente había perdido la vida otra joven, más mayor de edad que las sobrinas. Ésta había sido la tía paterna de las muchachas, la más joven de la familia de su marido.

Muy conmovida, continúo escuchando a la señora. Y, al finalizar, me cuenta que una doctora le había estado hablando de mis libros.

– Me aconsejó éstos para regalar a mis sobrinas – me decía mientras me los mostraba:  “uno donde podrían hacer ejercicios de colorear mientras seguían las reflexiones y, así, al menos intentar cambiar algunas creencias, producir pensamientos positivos y crear nuevos hábitos nuevos”.

El otro se trata de un cuento, con un ejercicio de escritura terapéutica, – muy revelador y autosanador, en cuanto se trata de reconocer que nunca dejamos de Sentir a un ser querido perdido – acabaría diciéndome la señora, haciéndome ver que ella también había leído el cuento y entendido muchas cosas…

Estuvimos hablando sobre el tema, sobre el accidente, y sus familiares.

Les he firmado los libros con una esperanzadora y cariñosa dedicatoria. Sé que en esas letras he dejado parte de mí. Se llevan un trocito de mí. Mentalmente, mientras escribía, les he enviado Bendiciones para ellas. La energía viaja.

Me dieron las gracias y se despidieron.

Esto no ha sido una casualidad. Esto es esa energía de la que habla el cuento – me dice la señora.

La mujer con los ojos húmedos se fundió conmigo en un abrazo,  mientras volvía a darme las gracias. Le he dicho que era yo quien tenía que agradecer tanto. Les agradecía a ellos y a esa energía divina (pues todo sucede por algo). Les he dado las gracias también por todo lo que habían compartido con nosotros, por haberme reconocido y querer explicarme tan emotiva y personal historia.

Soy yo quien agradece a estas gentiles personas y, también, al Universo por atraernos la sincronicidad *(“coincidencias”).

*El desarrollo del concepto de sincronicidad surge a partir de la colaboración entre Carl Gustav Jung (médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo) y Wolfgang Ernst Pauli (físico teórico austríaco, nacionalizado suizo y luego estadounidense,  un premio nobel de física y uno de los padres de la mecánica cuántica).   No existe la casualidad, existe la sincronicidad.

Hoy mi día acaba con estas reflexiones. Observemos, Escuchemos y Empaticemos. Solo hay que estar atentos. Lo que nos puede parecer una grata sorpresa o un milagro es, sencillamente, otra cosa; es ver llegar, y manifestarse, aquello que con fe y confianza  hemos pedido.

Aprendamos a confiar más en nosotros mismos, aprendamos a
compartir cada día un poquito más.
No estamos solos. Observemos a nuestro alrededor, podemos vernos reflejados en los ojos de nuestro prójimo. Cada día podemos ayudar (aunque sea escuchando). Bendice a quienes tienes a tu lado, y bendice su camino, no sabes por lo que están pasando. Y recuerda: 

“Ningún camino es largo con una buena compañía”.

Yo tuve, hoy, la mejor: la de mi hijo.

Hoy es la primera vez, desde hace casí dos meses, salgo a la calle permaneciendo horas fuera de casa, y comiendo al aire libre. Hoy, muchas cosas han pasado, y todo está bien. Todo acontecimiento lleva su por qué de ser.

Y hoy, con todo cuanto acontecido, una vez más puedo corroborar esa frase del inicio de mi relato:

Gracias a la buena compañía, puedo decir que el camino no ha sido largo.

Esther Vernet (Barcelona, 3.10.2019)

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